Acerca de mí
Querido lector, te saludo con mi corazón (y con mi mate, porque a estas alturas, y con este expertise, yo elijo mis tragos amargos).
Me llamo Lérida Euceda, soy una apasionada del baile desde que me le perdía a mis padres para bailar punta en la plaza de Tela (en la zona norte de mi hermoso país, Honduras). Desde pequeña, el movimiento ha sido mi forma de entender la vida, así que descubrir que podía quedarme quieta y encontrar paz ahí… fue como probar algo que juraba que no me iba a gustar y terminar queriendo repetir.

Estoy a punto de cumplir 39 años el 16 de marzo. ¡Casi cambio de década y sigo procesándolo! Mientras escribo esto, hago una pausa y pienso: ¿Cómo terminé aquí, contándote mi vida? Y la respuesta es simple: la vida es un viaje raro, pero maravilloso.
Desde pequeña, mis dos superpoderes eran la flexibilidad (de cuerpo y mente) y la curiosidad nivel "¿qué pasará si meto esto en el enchufe?". Siempre he sido de las que aprenden viviéndolo en carne propia.
Ese mismo espíritu curioso, sumado a unas cuantas experiencias traumáticas dignas de una telenovela, me llevó a darme cuenta de algo sorprendente: yo misma puse estas pruebas en mi camino. Lo sé, suena loco, pero con el tiempo entendí que todo lo que viví me estaba puliendo, como a un diamante—pero con menos glamour y más caídas épicas.
Aprendí que el perdón no es un "te perdono porque soy un alma iluminada", sino más bien un "ok, si puedo perdonar esto, entonces también puedo perdonarme por todas las burradas que hice en la vida". Y créeme, he hecho unas cuantas.
Pero, claro, antes de llegar a esta sabiduría cósmica, pasé por un camino de escape que incluyó sustancias. Plot twist: no todas fueron malas. Algunas fueron medicina, divinas, creadas por el mismísimo Creador para expandir la conciencia. Otras… bueno, otras fueron veneno, y de esas aprendí aún más. No recomiendo mi camino (porque cada quien tiene el suyo), pero sí puedo decirte que estoy agradecida por todo lo que viví, lo que sobreviví y, sobre todo, lo que transmuté. Porque ahora, después de explorar las sombras, puedo acompañarte en el camino hacia la luz—sin tanto drama y con más risas en el trayecto.
Este viaje, con todos sus giros inesperados, me llevó a refugiarme en el yoga. Al principio, era yo sola en un cuarto, practicando por horas, sin tener ni idea de lo que estaba haciendo, pero convencida de que algo estaba cambiando en mí. Y vaya que cambió. Pasé de querer escapar de la realidad a querer vivirla plenamente. Hasta cortar una zanahoria se convirtió en una experiencia trascendental. Spoiler alert: la iluminación no llegó en una cueva del Himalaya, sino en mi cocina.
Justo cuando pensaba que ya tenía todo más o menos resuelto, ¡pum! Sorpresa de la vida: una almita tocó a mi puerta(de forma abrupta, sin contrato previo ni advertencia jaja) y se instaló en mi vientre. Mi hija, Gaia Sophia, llegó a rescatarme a mí más que yo a ella.
Desde ese momento, decidí convertirme en la mejor versión de mí misma… y fallé varias veces. Pero ahí aprendí otra lección clave: las mamás humanas no somos perfectas, y eso está bien. Porque si yo me libero de la culpa, también puedo criar a mi hija sin imponerle estándares imposibles. Y qué alivio, la verdad.
Ahora, gracias a mi conexión con Dios—esa energía que me sostiene y me recuerda que todo es parte del plan (incluso los días en los que quiero renunciar a la adultez)—y gracias a mi pequeña maestra terrenal, sigo aprendiendo. Me sigo certificando y, lo más importante, aplicando todas las herramientas que comparto contigo.
Porque quiero que sepas que no estás solo ni sola en este viaje raro y hermoso. Que despertemos juntos a la verdad de que somos uno. Y que, dentro de todo este caos llamado vida, constantemente podemos encontrar un poco de magia (y si no, al menos reírnos en el intento).
Con amor, risas y mate,
Leri



Me encanta su energía y la paz que transmite, me llegaron profundamente las palabras que comparte. Gracias por tanto!💕recomendadisima
Como dice Lérida, esta es la vida y tenemos que fluir en ella!!! Me guiaron hacia ella en un momento en el cual mi vida cambió y en particular cambió la vida de mi madre y de la familia entera. Desde nuestra primera sesión de yoga terapéutico sentimos un cambio en nuestro cuerpo pero sobretodo en nuestra mente, sentimos la vida liviana a pesar de llevar el mundo en nuestros hombros, Lérida efectivamente es una maestra con paciencia, con calidez, con una capacidad de escuchar y adaptar, llevándonos en cada sesión a una experiencia reveladora y de mucha paz y bienestar emocional que nos anima a continuar haciendo camino. Mi madre y yo, le agradecemos por cada reto, por cada…